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PACO SUÁREZ - ESCULTURAS
El pasado
como recreación emotiva se transforma en presente.
Las
esculturas de Paco Suárez dialogan con el medio y
su gente.
Realistas
y de textura cálida, transmiten bondad.
La
importancia que para el escultor tiene la
“pequeña” memoria histórica se hace evidente en
gran parte de su obra.
La obra
escultórica de Paco Suárez tiene como
característica común el buen hacer que se traduce
en el dominio de los conceptos claves de la
escultura de todos los tiempos, una técnica de
factura clásica que no pierde nunca frescura.
Llama la
atención la elección de los detalles, los objetos
que acompañan a sus personajes, gestos,
posiciones,…logran una interacción inmediata que
va directa a la parte, bien de la memoria bien de
lo que nos hubiera gustado vivir o de lo que nos
gustaría encontrar a lo largo de nuestra vida.
Dan ganas
de conocer a los personajes que este escultor
recrea y “construye” porque son parte suya, salen
de su universo, de su sensibilidad, de lo hondo de
su ser, donde en un momento de su experiencia
vital aparecen seres como aquellos, pedazos del
paisanaje de su querido Agüimes o de su fantasía,
provista de detalles y sutilezas.
Ese
rescaño de la percepción visual y estética que
pasa a través del corazón, florece al
observar su obra.
Paco Suárez te
invita a establecer una relación con sus
esculturas, siempre creativa pero además afectiva.
Elsa de la Hoz González
Licenciada en Bellas Artes, profesora y pintora |
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ARTE Y PEDAGOGÍA.
El artista Francisco
Suárez Díaz se ha convertido en un referente
de la escultura urbana insular. De hecho, los
municipios del sur y sureste de Gran Canaria
-Agüimes, Ingenio, Santa Lucía de Tirajana o Mogán-
son lugares en los que podemos admirar sus
creaciones. El escultor es capaz de trasladar
cualquier idea al bronce definitivo: ninguna
temática se le resiste. Debemos resaltar su
interés por el estudio anatómico del ser humano,
que en definitiva es el destinatario de su
creación, y su interés sobresaliente por la
captación de la psicología de sus personajes,
logrando acaparar la atención obligatoria del
espectador. En este sentido, destacamos el grupo
escultórico “Empaquetadoras de tomates”, que se
halla en una rotonda del Carrizal de Ingenio, o la
escultura en homenaje al Señor Elías en la Plaza
de Playa de Mogán. En ambos casos, la comunicación
arte-espectador es inmediata y produce admiración.
También es destacable la preocupación por captar
los rasgos identificativos físicos y psicológicos
de personajes del acervo cultural canario en los
bustos y esculturas que ha realizado para los
municipios ya señalados. Pero no sólo en el
terreno de la figuración se desenvuelve el
artista, pues su obra “El futuro es Mujer” se
halla más cercana a la semifiguración y refleja
su doble vertiente creadora y docente. Con una
inusitada precisión y simplicidad de líneas en un
espacio ideal -mirador de las Crucitas en
Agüimes-, convierte su obra en un icono para la
coeducación, logrando con ello un hito en la
escultura insular de la provincia de Las Palmas,
pues es la primera vez que una obra representa a
LA MUJER alejada de temáticas muy repetidas y
tradicionales: maternidad o mujer asociada a
multitud de funciones: enseñante, aguadora,
aparcera, pescadora.... En esta ocasión la
temática nos habla de una clara apuesta por una
igualdad real de oportunidades que nos lleven a
una comunicación entre ambos sexos basados en el
respecto, convivencia y diálogo creativo.
En definitiva, quiero hacer constar la doble
capacidad de Francisco Suárez Díaz para
comunicarse con la sociedad a través de su arte:
docencia y creación, binomio fundamental para que
se produzca una interesante y enriquecedora
comunicación.
Pedro Andrés Naranjo Jiménez.
Ldo. Historia del Arte. Universidad de Granada.
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PACO SUÁREZ, ESCULTOR DE
AGÜIMES.
Si
accedemos a Agüimes por la escarpada subida que
hasta ahí nos lleva desde el Sur, nos encontramos
frente a frente con una escultura que, sobre su
atalaya, proclama que el futuro es mujer y que la
Villa asume tal afirmación con orgullo.
La
obra, de dimensiones adecuadas al mensaje, es una
creación de Paco Suárez Díaz, hijo de esta tierra
en la que sí es profeta y autor de algunas de las
esculturas que conforman el museo al aire libre en
que se ha convertido el municipio.
Paco
Suárez ha realizado la mayor parte de su obra
durante los últimos años, un periodo fecundo en
que entra con pie firme y en el que, para bien de
todos, aún permanece.
Desde
el ya mencionado Homenaje a la mujer hasta
la entrañable Mariquita la de los chochos
-la mujer más fotografiada de Agüimes, a la que
nunca le falta la compañía de niños juguetones o
adultos cautivados por su profunda humanidad-, las
esculturas de Paco Suárez dan voz a la historia de
los hombres y mujeres de la Villa.
Porque
si algún elemento caracteriza su obra, es sin duda
la presencia en ella del ser humano. Paco ha
devuelto a las calles de su Agüimes a los
personajes, de manera concreta en unas ocasiones
–como es el caso de Mariquita-, y en otras
simbólicamente –las dos mujeres que acogen al
visitante llegado del Sur- representan la esencia
de lo que ha sido antaño y es hoy nuestro pueblo.
Así nos encontramos, en la amplia rotonda del
Cruce de Arinaga, al levantador de piedras que nos
habla del rico pasado aborigen de Agüimes, un
pasado que ha dejado huella profunda en la
identidad de nuestro pueblo. En el muelle de
Arinaga se sienta un pescador que rinde homenaje
al carácter marino del Agüimes costero, carácter
que impregna la vida y la personalidad del
agüimense, ese ser formado de mar y tierra. Y, al
llegar a Temisas, una aguadora nos anuncia que
hemos alcanzado uno de los más hermosos caseríos
tradicionales del archipiélago, un lugar que
parece, desde su privilegiada altura, cuidar de la
buena salud de nuestras tradiciones.
El
Palacio Episcopal representa la singularidad
histórica de Agüimes, su condición secular de
señorío episcopal. El parque que lo alberga,
llamado de los Moros por los vínculos del edificio
con el tabor de regulares que se instaló en la
Villa, acoge otra de las obras de Paco Suárez, que
se convierte una vez más en el cronista de la
historia popular de nuestro pueblo: sobre uno de
los bancos, conversan en torno a una pipa de kif
dos de aquellas personas que se establecieron en
un lugar lejano a sus hogares y que dejaron una
huella que las décadas transcurridas desde su
partida definitiva no han podido, ni
querido, borrar.
Mariquita, los moros del tabor, la aguadora, el
pescador… no es Paco retratista de reyes ni
potentados, sino del pueblo sencillo que es quien,
con su sudor, construye la verdadera historia de
los pueblos y les confiere identidad. Su labor es
encomiable: devolverles a los auténticos
protagonistas el lugar que les corresponde en las
calles de Agüimes y en el corazón de los
agüimenses.
Si
Paco te habla de su trabajo de escultor, verás sus
dedos moldear el aire con afán de transmitir lo
que para él significa el oficio, con gesto que
delata su doble condición de profesor y de
artista, en un esfuerzo por sacar de sí mismo su
pasión por reproducir el mundo para ofrecérselo a
los demás.
Vano
intento. El artista es el artista y los demás nos
conformamos con descubrirlo en su obra creativa. Y
cuando procede de un hombre con el talento de Paco
Suárez, conformarse con eso es un premio.
Antonio Lozano González.
Profesor y Escritor.
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PRECIOSISMO Y VITALIDAD
Mariquita rodeada de niños que la abrazan y
acarician como cuando nos vendía chucherías, los
moros del Tabor, la madre de Temisas, las mujeres
dueñas del futuro, el pescador solitario, los
trabajadores del tomate.... son algunas de las
expresiones artísticas de este escultor agüimense,
formado en Bellas Artes en la Universidad de La
Laguna, donde empezó a aprehender el dominio de un
oficio, el dominio de una técnica, más allá que
como un simple instrumento, sino como un
extraordinario catalizador de emociones.
Si para juzgar una obra es fundamental el análisis
crítico de los entendidos, no es menos importante
la aceptación del espectador. En el caso de Paco
Suárez, su obra, distribuida por distintos
municipios, siempre en espacios públicos, ha
conseguido tocar de lleno los sentimientos de
aquellos a los que va dirigido su empeño
artístico.
Paco ha convertido su labor en un mundo de
sensaciones que se integra y convive, de manera
estrecha y cercana, con su entorno y sus
moradores. Ha sabido establecer una relación con
los ciudadanos desde la ejecución formal de una
idea que ha impregnado de historia y de vida,
cuidando los detalles con minuciosidad y
preciosismo, sin obviar la expresión vital más
íntima y, por tanto, más profunda, de la figura
que modela.
Para los que hemos podido seguir de cerca el
progreso creativo de algunas de sus obras, hemos
sido testigos de cómo una idea, una foto o un
modelo, empieza siendo un manojo de hierros y
mallas a los que va añadiendo barro, pasión,
entusiasmo, corazón..., hasta ir haciendo posible
una figura que cobra vida, expresión y
sensibilidad, más allá de los cánones formales que
contribuyen a la creación de una obra de arte.
A lo largo de su andar por el mundo de la
escultura, el más visible y al que ha dedicado más
esfuerzo en los últimos años, Paco Suárez
nos ha ido legando un trabajo coherente, riguroso,
pleno de formalidades estéticas pero también de
sensaciones y valores que tienen bastante que ver
con la historia de este pueblo y con los hombres y
mujeres que han construido su historia.
Con su obra, Paco Suárez ha colaborado de manera
notable a hacer posible la creación de un modelo
de museo escultórico al aire libre, que más allá
de diatribas de lo que debe ser el arte urbano, ha
conseguido captar la atención y avivado los
sentimientos de una colectividad, que ha sabido
comprender que detrás de los conceptos y la
materia, se encuentra un artista que ha sido capaz
de crear todo un universo de personajes que nos
acompañan cada día, llenos de vida, por nuestras
calles y plazas.
Antonio Morales Méndez
Licenciado en
Historia del Arte |
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MEMORIA EN BRONCE
Lágrima
de hielo y agua sobre el bronce al sol. Crear para
sobrevivir al tiempo y a la vida. Antepasados
reflejados, hombres y mujeres, sangre y aliento
plasmado sobre el frío bronce. Solloza el
niño-grande. Sonríe mientras modela en barro y
arena, con salitre y viento. Espectros del pasado
que lo adelantan y se le enfrentan. Estirpe del
señorío que le grita sin sonido. Calor y ternura
de madre y ejemplo de padre.
Hijos de carne y hueso e hijas de metal y sueño.
Elección consciente, decisión del destino. ¿Qué
piensan las figuras, las esculturas, las criaturas
de Paco Suárez sobre su creador? Semen, barro,
bronce, agua y fuego. Creando por amor, inventando
por encargo. ¿Y la pasión?
Hombre grande, persona interminable. Tan grande y
rotundo para ser un creador. ¿Una máscara? ¿Dónde
se esconde la sensibilidad para crear? ¿Qué
piensan las criaturas de su creador Paco Suárez?
¿Qué piensan? ¿Sienten o sólo representan?
¿Qué tienen los ojos de las esculturas de Paco
Suárez? ¿Por qué miran de esa manera? ¿De qué
manera miran? Las miradas de sus esculturas. Se
mira y no se refleja, se miran en el creador y no
se encuentran.
¿Tienen miedo? ¿Tienen miedo sus figuras? ¿Por qué
no esculpes el miedo? ¿Por qué no miran, por qué
no ven? ¿Quién les robó las miradas? Dicen los
viejos bocetos que una noche, estando el escultor
en su estudio, se vio reflejado en la mirada de
una de sus obras. Tenía tanta vida aquella mirada,
contenía tanta fuerza, tanta verdad que la mató.
Desde entonces se le ve deambular sin rumbo
buscando la mirada que le dé vida a sus obras.
Esta es la historia de un hombre que le tenía un
miedo atroz a la muerte, quería vivir eternamente
y creó hijos para perpetuarse en el tiempo, quería
ser eterno, inmortal. Creó en bronce. Memoria en
bronce para un corazón que no quería morir.
Figuras esculpidas con el viento del sureste.
Figuras creadas para la memoria del viento del
Atlántico. Figuras de tierra, viento y sol. Duras
para resistir, quizás demasiado duras para
expresar los sentimientos del autor. Quizás
demasiado rígidas para y por el encargo. Encerrado
desde niño en un cuerpo grande no sabe o no se
atreve a liberarse, a expresarse. Llora Paco,
llora y crea. Crea llorando, riendo, viviendo.
Demasiada contención en vida y en la creación. ¿Y
la pasión?
Levantando la piedra, mirando al futuro con cara y
cuerpo de mujer (grietas en la piedra, grietas en
el alma, paso del tiempo), dando agua, ofreciendo
golosinas, disfrutándolas también tú, tomateras
del sur fruto del dolor y de la sequedad de la
tierra, moros en el corazón de Agüimes, voluntario
urbano, pescador solitario (pescando el tiempo que
no se detiene y que se nos escapa de las manos).
¿Tienen
alma las criaturas de Paco Suárez? ¿Dónde están?
¿Cómo nacieron? ¿Por qué las parió así?
Las
gotas de sudor del pulseador, el cansancio y
desesperanza de las aparceras, la dulzura de la
mujer que calma mi sed, la calma-paz del moro en
territorio extraño-amigo y antecesor inconsciente
de sus compañeros de patera, el hombre al que no
le pesa un niño o mil en sus brazos, las mujeres
recortando el cielo e imaginando un luchado
futuro, el salado de los chochos para una dulce
alegría infantil en una plaza, en tu plaza, en las
plazas repetidas de tantas y tantas infancias
añoradas, la soledad del viejo pescador en un
muelle en el que aún golpean y rebotan los
momentos felices de unos niños cogiendo olas.
Figuras estáticas, demasiado fijadas al suelo,
demasiado hieráticas para la pasión que encierran,
brotes de vida demasiado atadas al presente,
vienen del pasado, conforman nuestro presente y
con vocación de futuro se lanzan a devorar el
porvenir, ¿Por qué no les dejaste salir y
demostrar sus entrañas? ¿Por qué el bronce se
convirtió en coraza y no en reflejo? ¿De qué
tienes miedo creador? Las criaturas son reflejo de
su autor ¿Temor a mostrarte desnudo en tu obra?
Corazón de bronce. Solloza el niño-grande.
Instantes más segundos, veranos y primaveras,
arrugas añadidas al álbum, besos y desamores,
bronce sobre bronce, olas dentro de la misma ola…
paso del tiempo… muerte y vida. La obra sobrevive
al autor. Paco Suárez se fue, Paco Suárez
permanece. Su obra se mantiene, su memoria
también. El niño-grande lo consiguió. Eres
inmortal viejo amigo.
Juan Antonio Brito Curbelo.
Licenciado y profesor de Historia.
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COMENTARIO DE LA OBRA DEL
COMPAÑERO PACO SUÁREZ DÍAZ
Me identifico con aquellas expresiones que por
sencillas y evidentes pueden transmitir emociones
y provocar en cada uno de nosotros inquietudes y
sentimientos que son sólo posibles para quienes
tienen la sensibilidad artística de encontrar en
una manifestación artística cuanto de sugerente
conmueve nuestros sentidos. Y así encuentro yo la
obra del compañero Paco Suárez, cargada de
emotividad y expresividad que produce en el
espectador una reacción que no deja a nadie
indiferente.
La temática
hiperrealista exagera la realidad que nos rodea,
acaso porque la propia realidad de la sociedad
actual obliga a muchos artistas a expresar
mediante un realismo exarcebado, lo que consideran
objeto de crítica y denuncia. Pero no es
precisamente esta variante la que motiva al
compañero Paco Suárez, sino la de un realismo
costumbrista en la línea de maestros como Francois
Millet. Temas como “La aguadora con su hijo”, “El
pescador”, “La quesera” o “El voluntario”, son de
indudable temática social, impregnada de
compromiso personal y de indudable temática
actual.
La ejecución de sus
obras me recuerda el trabajo de otros artistas
como Rodín en sus inicios donde la belleza deja
paso a un realismo veraz que con el tiempo son
impresiones de vivencias extraídas de la
observación de una realidad. Por eso, los rostros
de las empaquetadoras de tomates no expresan
intención de belleza en sus rasgos, sino tan sólo
aquello que apreciamos, y no es otra cosa que una
situación viva. Así entiendo yo la obra del
compañero Paco Suárez, como una obra viva y
abierta al espectador. Cuando se observa la obra
de grandes maestros del arte universal como Henri
Moore, Archipenko, Calder o Tapies, vemos
ejemplos de inquietud anímica y de búsqueda de
nuevos materiales con los que identificar esas
inquietudes, que a fin de cuentas constituyen la
idea de cada una de sus representaciones. Y
valoramos cuanto de innovador tienen en la
trayectoria de la creación plástica del presente
siglo, pero a mí personalmente, de dejan en muchas
ocasiones indiferente. No pretendo en modo alguno
infravalorar las manifestaciones de aquellos a
quienes la crítica especializada ha otorgado un
papel destacado en la evolución de la plástica
contemporánea, pero sí indicar que ante una
instalación de Calder o del famoso calcetín de
Tapies para el MNAC (Museo Nacional de Arte de
Cataluña), yo me quedo con el homenaje a las
gentes sencillas que expresan una visión mas
cercana y sobre todo humilde.
Con relación a su obra
pictórica llama la atención la variada gama de
influencias artísticas que trabaja, desde una
naturaleza muerta con manzanas, molinillo de café
y almirez, no olvidando su constante de canariedad,
en ese objeto tan nuestro como es el molinillo,
amigo de tantas tertulias donde un buen café
acompaña la charla del amigo, hasta una
representación propia del más puro estilo pop
art, que tanto gustaba a la sociedad
neoyorquina de finales de los cincuenta y
principios de los sesenta, en esa bolsa donde
aparece la referencia de un establecimiento
comercial. Sus manzanas me recuerdan a Cézanne.
Creo que al tratar
diferentes temáticas, donde incluso está presente
una clara inquietud “fauve” en un desnudo
cargado de expresividad y energía compositiva,
indica una inquietud propia de un temperamento
inconformista y que no se detiene ante límites
estrictos ya establecidos convencionalmente.
La melancolía azul de
Picasso se halla presente en la joven desnuda
absorta a cuanto le rodea, con un cántaro como
única referencia de la constante en sus
composiciones: El sentido de lo local como
reafirmación de una identidad canaria.
Y me gusta que sea
así, porque el mismo Oscar Domínguez, cuando se
hallaba en la soledad de su buhardilla en París,
relataba a sus amigos lo que para él tenía de
importante la inclusión de símbolos canarios en
sus ensoñaciones, como la presencia de un drago,
de la cuevas de los guanches… Ser fiel a su
identidad incluso en un mundo de sueños. Y
recordando la triste trayectoria de otro paisano
muestro que también sintió en París la amargura de
la lejanía, Néstor Martín Fernández de La Torre,
observo en el paisaje de la villa de Agüimes, del
compañero Paco Suárez, una cierta influencia de la
obra de Néstor, cuando observo sus composiciones
del risco de San Juan, tan llenas del colorido
simbolista de esos años
Me ha causado una
grata impresión la obra del compañero, porque me
identifico con aquello que forma parte de nuestro
sentir, de ahí las referencias que observo en su
obra de objetos, paisajes y gentes que son parte
de "lo nuestro", que nos enriquece y diferencia,
tal y como un día dijera Alfredo Krauss a un
periodista italiano tras una actuación en la Scala
de Milán, al comentarle que "lo canario" lo
llevaba muy dentro.
Carmelo Jiménez
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